Pedazos
Pedazos. I.
No persigo la gloria, no me afana la historia. Voy dibujando el camino y uno a uno los pasos van trazando un andador. Una furiosa andadera, un remolino intestinal de deseos y la mera gracia del sueño, aunque el puro sueño no me eche a andar. Sin dejar en el paso de reconocer los muchos que somos, o las mil caras que se enfrentan, para seguir andando sólo hace falta un impulso; y la certeza de que seguiremos hurgando en los confines del espacio hasta que dure el movimiento. Seguiré siendo el profeta de mis inquietudes, el domador de insolencias. Seguirá creciendo una barba joven mientras permita que el tiempo siga en su juego. Continúa la persistencia abriendo un camino por donde explotan las zaetas; allí, donde se arriesga el brazo y la pierna pero se rescata el corazón, hasta que la boca deje de tener palabras y el silencio ya no estorbe en la garganta. Dónde vendrá la ausencia? Ya no ha más donde buscarla porque se ha cerrado la puerta por donde alguna vez cruzamos. Rescataremos la sapiencia dulce de la libertad cada vez qaue hagamos uso de ella. Todo en silencio, sin necesidad de ti ni de nadie; todo absoluto, sin dudas ni trampas.
Pedazos. II.
Arrasados por la fuerza del delirio fuimos bajando, por los delgados filamentos de tu risa, o lo que queda de ella. Después de cada explosión de alegría viene un vacío equivalente, y es en ese silencio donde se aprende a desprenderse. No sé si habrá algo más cercano a la melancolía que los pliegues de tu boca. Respiraré con calma cada molécula de tu aliento taciturno.
Pedazos. III.
Es una habitación pequeña, donde apenas cabe una cama individual y un escritorio sobre el que están ordenadas figuras de plastilina. El sol de media mañana se mete por la ventana dibujando un triángulo que separa el espacio. Por la ventana se ven las montañas que rodean la ciudad. Altos de Cazucá. Bogotá. Enero 2009. Ulises (20 años) en pantalones deportivos y desnudo del torso, fuma con la mitad del cuerpo pendiente por la ventana para alejar el humo que deja escapar en hilos delgados, como si no quisiera dejarlo ir. Con un gesto le ofrece el cigarro a Alicia (18 años) que lo está mirando desde el suelo, recostada contra la pared, en ropa interior. Ella niega con la cabeza. Ulises tira el cigarro, da media vuelta y se deja escurrir por la pared hasta quedar a la altura de ella.
Ulises. ¿Qué vamos a hacer?
Alicia. No podemos hacer nada…Ya está hecho pues. A
licia se monta sobre él. Ulises le mira las pecas de los hombros, enrojecidos por el sol. Ulises la quita con la escusa de buscar algo.
Ulises. Pongámonos un condón.
Alicia. No me voy a re embarazar, no sea bobo.
Ulises. ¿Qué vamos a hacer?
Alicia. Casarnos.
Ulises. No diga guevonadas.
Alicia. Yo estoy enamorada.
Ulises. Tranquila que eso se cura.
Se levanta para darle un beso en la frente y se pone los zapatos.
Ulises. ¿Qué vamos a hacer?
Alicia. ¿Y qué quiere hacer Ulises?
Suena una puerta. Ulises salta por la ventana a la calle. Le da un último beso a Alicia y corre montaña abajo por una calle mal pavimentada. El Papa de Alicia abre la puerta. La mira apenas y sale.
