El tiempo es oro

Llevo ya un mes desempleado y aunque sin duda es escalofriante no me sorprende, no es la primera vez ni será la última, menos con todo esto de la economía cayendo por las barras de la economía y el capitalismo jugando a la hipocondría.  Y aunque resulta tortuoso lidiar con la falta de ingresos reconozco que han sido semanas especialmente productivas, este mismo ejercicio de escribir para no se quién es parte del común dilema heredado de los abuelos, cuando tienes tiempo no tienes dinero y cuando tienes dinero no tienes tiempo. Al fin es verdad, en las faldas del liberalismo el tiempo es oro. Así que de alguna manera prefiero pensar que me estoy financiando unas vacaciones obligatorias, o que estoy cambiando mi oro por tiempo corriente y devaluado.
En México, que solía ser una de las economías más promisorias de este lado del mundo, somos miles los que nos enfilamos en las líneas de la desocupación.  Seguro que mi abuelita piensa que siendo así la cosa es mejor regresar a Colombia, pero los encabezados de ayer anuncian un desempleo del 12 por ciento, y sin duda no me gusta ser parte de esas cifras porcentuales. En esos números aparecen muchísimos de mis conocidos que atraviesan una situación parecida a la mía; o peor, invirtiendo su tiempo en un trabajo que detestan, que es  igual que cambiar el oro por espejos con brillo. El trabajo, como fuente de enriquecimiento o como función indispensable del desarrollo se ha convertido en un método para cuartear libertades. Sumidos en el terror de la crisis económica mundial, quienes tienen asegurados sus ingresos se aferran a su puesto laboral por encima del amor propio o el respeto, bajo la amenaza pulsante de pasar a ser parte de estas filas que engrosamos miles de brazos dispuestos y ansiosos. Es verdad que el trabajo ennoblece, siempre y cuando sea un trabajo noble y justo.
Qué mas esclavizante que pasarse los días ejerciendo una labor que no ofrece satisfacciones ni alicientes, cuyo único provecho personal es la quincena o el jornal, que permite apenas la comodidad justa para mantenerse en el encadenado de pasar jornada tras jornada regalando el tiempo, la fuerza y el intelecto a oficios insatisfactorios porque las oportunidades son tan contadas que religiosamente nos entregamos a los que nos tocó con el único afán de la supervivencia. Ahí justamente, en esa trampa de la libre demanda, es donde nos ponen el zapato en el cuello, porque una vida ocupada en subsistir no permite tiempo para pensar; y un hombre que se ha jugado la vida por esas minúsculas comodidades no quiere arriesgarlas.
Me parece que la historia de América ha sido siempre muy clara, los bandos son los mismos, los pobres siguen siendo pobres y los hambrientos siguen con hambre; y nosotros, los del medio, seguimos siendo los peones del ajedrez que permitimos  el juego del poder capitalista porque no acomodamos en una falsa seguridad que no queremos perder, mientras nos tragamos las amarguras con tenacidad canónica comprándoles la idea de vivir la vida con estoicismo y dicha porque así nos tocó vivir, en este orden.
Yo no creo en los gobiernos, me parece que son instrumentos encargados de administrar los bienes y organizar el juego, como árbitros de fútbol, no depende de ellos el partido, de hecho entre menos participen es mejor el juego, sólo sirven para mediar en las diferencias pero no pueden tocar la pelota. El gobierno está bien cuando las cosas funcionan, pero si hay desempleo, hambre y analfabetismo no puede estar bien.
Algo tiene que estar mal, necesariamente, cuando los productores de los bienes, obreros y campesinos, son los más pobres de la cadena productiva; cuando lo dueños originarios de la tierra, los indígenas, son los que menos derecho tienen a ellas. Algo en la lógica del ejercicio no funciona cuando un productor de tomates, que entrega su fuerza y tiempo al cultivo, vende el tomate a un peso pero paga diez por una lata de puré de tomate; ¿acaso requiere más esfuerzo oprimir el botón que enciende la máquina de enlatado?
Está claro que estoy desempleado porque no entiendo el ejercicio de la libre competencia; es más, no entiendo cómo libertad y competencia pueden estar juntos en un mismo concepto en donde las asimetrías de la competencia cuartan la libertad del individuo.

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~ por Eje Central en 6 julio 2009.

3 comentarios to “El tiempo es oro”

  1. lo que creo es que la pobreza con plata es mas llevadera,jajajaja

  2. ERL

  3. severo artículo. me gusta. esta entretenido, sin embargo tengo un solo comentario y es que la nocion de libertad junto con la nocion de competencia, son parte del mismo juego polìtico. son armas de control social, ya que si nos preguntamos que es libertad, y que es compentencia, llegamos a puntos de encuentro parecidos. ya que la libertad existe en la medida que uno se lo ienta fisica y mentalemte, y para eso hay q jugar en el juego de las copetencias, que es parte de lo que se supone es ser libre. para sentir libertad hay que tener dinero y funcionar como un ciudadano ejemplar dentro de los cánones del proyecto moderno neoliberal.
    un abrazo y nunka olvidemos que la mejor arma de revolucion es el pensamiento critico y divergente. el arte es una buena herramienta para llegar a la “tierra prometida”…jajajajaja. como si existiera tal cosa.

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